Homilía de la Eucaristía con ocasión de la clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación de la Sierva de Dios Veronica O’Brien – Malinas, 8 de septiembre de 2026
Si queremos descubrir el corazón del mensaje y de la espiritualidad de la Sierva de Dios Veronica O’Brien, podemos dirigir nuestra mirada hacia san José. Lo que le sucedió a él también puede ser para nosotros un camino de crecimiento en la fe y en la vida cristiana.
En el Evangelio escuchamos las palabras del ángel dirigidas a José: «José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa; porque el niño que ella lleva ha sido concebido por obra del Espíritu Santo».
Aquí se nos muestra un camino que también es importante para nosotros. Acoger a María en nuestra casa significa acoger a Jesús por la acción del Espíritu Santo. María no es un desvío hacia Jesús, sino, al contrario, un camino más corto para llegar a Él. Veronica O’Brien lo expresaba en términos sencillos: «María no ha perdido su misión de dar Cristo a la humanidad; esta misión permanece para siempre inalterable. Por medio de María, y en el poder del Espíritu Santo, Jesús puede seguir naciendo en el corazón de los hombres. Y es el Espíritu Santo quien puede unirnos a María para que, junto con ella, sigamos a Jesús».
«Es el Espíritu quien puede unirnos a María para vivir con ella la vida de Jesús». Estas palabras de la Sierva de Dios Veronica O’Brien armonizan perfectamente con la vida de san José, que recibió en su casa a María y al niño que ella llevaba, Jesús. Y esto fue para él como un pequeño Pentecostés, una efusión del Espíritu Santo que vino a llenar su hogar para compartir la vida de Jesús.
Junto con María, José estuvo muy cerca de Jesús. En Nazaret, incluso lo tenían todos los días ante sus ojos. La vida cristiana es una vida de intimidad con Jesús, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret, donde se viven relaciones sencillas y llenas de afecto, como entre padre, madre e hijos.
Para vivir esta intimidad con Jesús, Veronica nos muestra el camino. En primer lugar, mediante la meditación de la Palabra de Dios, que alimentaba diariamente su vida. Es por la lectura y la meditación de la Palabra como Jesús, el Verbo, viene a habitar en nosotros.
Después está la Eucaristía, en la que Jesús se hace presente del mismo modo que estaba presente para María y José en Nazaret.
Finalmente, está María, que nos enseña a acoger al Espíritu y a seguir a Jesús. A través de la difusión del rosario FIAT, Veronica quiso hacer crecer en los corazones la intimidad con Jesús mediante la meditación de los misterios de su vida: «Santísimo Espíritu Santo, ayúdanos a revivir, en unión con María, los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de Jesús», retomando las palabras de la oración FIAT.
Al acoger a María y a su hijo en su casa, José permite también que el Espíritu Santo entre en su hogar y en su vida, y así participa en la misma vida de Jesús. De esta manera, la misericordia de Dios puede también crecer en José.
Porque José es un hombre justo, y precisamente por ello pone la misericordia por encima de todo. Lo vemos en su actitud hacia María, incluso antes de la aparición del ángel en su sueño. Quiere dejarla en secreto, precisamente para no exponerla a la vergüenza pública. Así, José manifiesta ya un corazón abierto a la misericordia de Dios.
Fue por el amor y la misericordia vividos cada día como José se convirtió en misionero. Él nos muestra que el anuncio de la Buena Nueva encuentra su plenitud en el amor.
También Veronica descubrió su vocación misionera en la vida cotidiana, muy cerca de las personas, compartiendo sus alegrías y sufrimientos. Nosotros también estamos llamados a dar testimonio de la misericordia de Jesús precisamente allí, en la vida ordinaria y en nuestros encuentros de cada día.
Ser misionero en la vida diaria significa, a ejemplo de san José, recapitularlo todo en el amor. «Ser amor, dar a conocer el amor, aceptar ser amado. Este es el plan de Dios: el amor. Dios es enteramente amor».
Por invitación de la Sierva de Dios Veronica y siguiendo el ejemplo de san José, acogamos a María en nuestro hogar para que el Espíritu Santo venga a llenarlo todo. Así creceremos en la intimidad con Jesús y, siguiendo su ejemplo, podremos dar testimonio a los hombres y mujeres de hoy: Dios es amor.
+Luc Terlinden